Conferencia de Aiete, 15 años después

Con motivo del aniversario de la Conferencia de Aiete, un grupo de antiguos miembros de Lokarri hemos escrito un articulo de opinión que ha sido publicado en Naiz, Deia y Berria.

Este 17 de octubre se cumple el decimoquinto aniversario de la Conferencia Internacional por la Paz de Donostia. Aquel día de 2011 la inmensa mayoría de partidos políticos de la Comunidad Autónoma Vasca, Navarra e Iparralde, los sindicatos, las organizaciones empresariales y representantes de la Iglesia y la sociedad civil nos reunimos con un grupo de líderes internacionales, encabezados por el ex secretario general de las Naciones Unidas Kofi Annan. Contamos también con la presencia de mediadores internacionales, como Brian Currin y el Grupo Internacional de Contacto, y con el apoyo de diversas fundaciones internacionales.

Kofi Annan, exsecretario general de la ONU, con Paul Rios

Todas las personas allí presentes compartíamos un mismo convencimiento y deseo. Estábamos a las puertas de una nueva etapa en la que la violencia quedaría atrás y podríamos resolver nuestras diferencias sin amenazas, con diálogo y entendimiento. Kofi Annan habló aquel día de «la esperanza compartida de un nuevo comienzo». La Conferencia de Aiete fue posible por la inmensa generosidad de instituciones, partidos y entidades que, pese a sus diferencias y a las heridas del pasado, sumaron esfuerzos y colaboraron por un objetivo común. Lokarri había nacido con la voluntad de ser lo que sirve para unir. Ver aquel día a personas que defendían ideas tan diferentes compartiendo una misma sala fue quizá la mejor expresión de lo que habíamos intentado construir durante tantos años.

Queremos recordar a todas las víctimas de la violencia. La Conferencia de Aiete y el anuncio del final de la violencia de ETA, tres días después, llegaron tarde, demasiado tarde. El dolor y el sufrimiento padecidos son irreparables. Quienes firmamos este artículo sentimos que, como parte de esta sociedad, tenemos con ellas una deuda que nunca podremos saldar. No fuimos capaces de empujar lo suficiente. No era solo responsabilidad nuestra, pero lamentamos no haber sabido hacer más para que la violencia y las vulneraciones de derechos humanos terminaran antes.
La Conferencia de Aiete fue un paso decisivo, pero construir la paz y la convivencia ha exigido mucho más. Durante estos años se han producido avances que parecían inimaginables: el desarme y la disolución de ETA, las leyes de reconocimiento a las víctimas, el acercamiento de presos, la creación de instituciones por la memoria o iniciativas locales de encuentro y entendimiento. Estos avances también han sido fruto de la generosidad y la tenacidad de muy diferentes instituciones y entidades.

Quince años después todavía tenemos pendiente reconocer, amparar y recordar a todas las víctimas de la violencia y de las vulneraciones de los derechos humanos. Es nuestra obligación hacerlo, porque una sociedad que olvida a sus víctimas no puede decir que ha dejado atrás la violencia. Y, además, no hemos sido capaces de narrar lo sucedido con total honestidad, franqueza y compromiso de no repetición. El relato sigue incompleto y no sería justo trasladarlo así a las siguientes generaciones.

Vivimos tiempos complicados en nuestra sociedad y a nivel internacional. La polarización, el miedo y la negación del otro dominan el escenario político. Queremos reivindicar los valores que hicieron posible la Conferencia de Aiete. En primer lugar, el respeto a la dignidad de todas las personas como fundamento de la convivencia. También la esperanza y la confianza en lo mejor del ser humano, capaz de colaborar y encontrar soluciones. Finalmente, la generosidad y humildad de asumir que las soluciones requieren la participación y el esfuerzo de muy diversas instituciones, entidades y personas.

Aiete nos dejó también algunas enseñanzas prácticas que creemos especialmente útiles en estos momentos. Sentarse con quien piensa diferente no significa darle la razón, sino reconocerle como interlocutor. Nadie tuvo que renunciar a sus ideas para estar en aquella sala. Lo que compartíamos era el propósito de contribuir al final de la violencia y construir la convivencia. Fue posible colaborar sin necesidad de resolver previamente todas nuestras diferencias.

Aprendimos también que, cuando las partes no son capaces de hablar entre sí, la presencia de terceros que escuchan y tienden puentes puede abrir caminos que parecían cerrados. Y que la sociedad civil, cuando se organiza y persevera, puede llegar donde las instituciones y los partidos no llegan por sí solos. También que las soluciones requieren tiempo, paciencia y la disposición a dar pasos incluso cuando no existen garantías de éxito.

Quince años después queremos hacer un llamamiento a recuperar estos valores de respeto, entendimiento y cooperación. Consideramos que son una guía para continuar con la tarea de asentar nuestra convivencia y también pueden ser útiles para afrontar los desafíos de un mundo cada vez más polarizado.

Hace quince años, en Aiete, personas que defendían ideas muy distintas, y que tenían motivos de sobra para desconfiar unas de otras, aceptaron sentarse juntas y buscar lo que compartían. Aquel día no se resolvió todo, y todavía hoy quedan cuestiones pendientes. Pero aprendimos que la convivencia no llega sola, se construye cada día con paciencia y con la voluntad de reconocer al otro. En un mundo que vuelve a levantar muros y a convertir al adversario en enemigo, esa lección no nos pertenece solo a nosotros. Hace más de veinte años, José Saramago escribió que la humanidad «es también una inagotable esperanza». Aiete nos enseñó que esa esperanza puede convertirse en realidad cuando somos capaces de trabajar juntas. Se lo debemos a quienes ya no están, y se lo debemos a quienes vienen detrás. 

Paul Ríos, Jose Maria Agirre, Iñaki Arzak, Joxe Begiristain, Xanti Begiristain, Blanca Burusco, Jon Casado, Juanjo Espina, Aitor Etxebarria, Ana Elvira, Rosi Garrido, Maialen Lizarralde y Manolo Vilabrille, antiguos miembros de Lokarri.

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